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 La Niebla de las Edades (El Rincón de la Historia) Reloaded 
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Ancilla
Ancilla
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Registrado: 25 Jul 2005, 00:19
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Nota La Niebla de las Edades (El Rincón de la Historia) Reloaded
Bueno, antes que nada, a los moderadores encargados: no recuerdo el nombre exacto del predecesor de este tema, así que si desean cambiar el título, adelante.

Y ahora, a lo que iba. Un artículo aparecido en El País/Domingo del 31 de Agosto (http://www.elpais.es/articulo/elpdomrpj/20050731elpdmgrep_6/Tes/)

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FRAGMENTO LITERARIO

Che Guevara, la máquina de matar

UNA VISIÓN CRUDA Y DESMITIFICADORA DE LA TRAYECTORIA DEL REVOLUCIONARIO ARGENTINO COLABORADOR DE FIDEL CASTRO

Este texto es un amplio extracto de un artículo escrito por el autor, originalmente en inglés, y publicado en la revista norteamericana 'The Republic' con el título 'The killing machine'. La traducción es de Eva Cruz. Álvaro Vargas Llosa pasa una mirada crítica a la vida revolucionaria de Ernesto Che Guevara (1928-1967).

Álvaro Vargas Llosa
DOMINGO - 31-07-2005


Che Guevara, quien tanto hizo por destruir el capitalismo, es hoy una marca quintaesencial del capitalismo. Su imagen es adorno de tazas, mecheros, llaveros, carteras, gorras, pantalones vaqueros, sobres de infusiones y, por supuesto, esas omnipresentes camisetas con la fotografía tomada por Alberto Korda: el galán del socialismo, con gorra, en los primeros años de la revolución, pasando casualmente por delante del visor del fotógrafo y quedando fijado en la imagen que, treinta años después de su muerte, sigue siendo el logo del chic revolucionario.

Los productos Che son comercializados tanto por grandes corporaciones como por pequeños negocios, como la Burlington Coat Factory, que sacó un anuncio de televisión en el que un muchacho con pantalones militares llevaba una camiseta del Che. Los revolucionarios también se apuntan a este frenesí de la mercadotecnia: desde The Che Store, que cubre "todas tus necesidades revolucionarias" por Internet, hasta el escritor italiano Gianni Minà , que vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario que escribió el Che en su viaje por Suramérica en 1952. Por no hablar de Alberto Granado, que acompañó al Che en ese viaje de juventud, trabaja como asesor de documentalistas y ahora lamenta, mientras consume vino de rioja y magret de pato en Madrid, que por culpa del embargo norteamericano contra Cuba le resulta difícil cobrar sus derechos de autor.

La metamorfosis del Che Guevara a marca capitalista no es nueva, pero la marca está siendo objeto de una operación de revival en los últimos tiempos, y se trata de un revival especialmente notable porque llega años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Este éxito inopinado se debe fundamentalmente a Diarios de motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. Hermosamente rodada en paisajes que han logrado evitar los efectos corrosivos del capitalismo contaminante, la película muestra al joven en un viaje de autodescubrimiento, cuando su incipiente conciencia social se topa con la explotación social y económica -sentando las bases para una reinvención de nuevo cuño del hombre al que Sartre un día calificó como el más completo de nuestra era.

Es habitual entre los seguidores de una secta no conocer la historia real de la vida de su héroe, la verdad histórica. No es sorprendente que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores poscomunistas, también se engañen aferrándose a un mito -excepto los jóvenes argentinos entre los que cunde la expresión "tengo una remera [camiseta] del Che y no sé por qué".

¿Faro de la justicia?
Pensemos en algunas de las personas que han exhibido o invocado la imagen de Guevara como un faro de la justicia y la rebelión contra el abuso de poder. En Líbano, los manifestantes que protestaban contra Siria frente a la tumba del primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un futbolista francés que juega en el Arsenal, apareció en una gran fiesta organizada por la FIFA con una camiseta roja y negra del Che. En Stavropol, en el sur de Rusia, los manifestantes que denunciaban el pago en efectivo de ayudas sociales tomaron la plaza central con banderas del Che. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la franja de Gaza, carteles del Che adornan un muro en el que se rinde tributo a la Intifada. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido para el Congreso Legislativo de Hong Kong, desafía a Pekín vistiendo una camiseta del Che. Y el caso más célebre, en la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Hollywood de este año, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción de Diarios de motocicleta, y Santana apareció con una camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones de la nueva secta están por todas partes. Una vez más, el mito está animando a personas cuyas causas, en general, representan exactamente lo contrario de lo que era el Che Guevara.

No hay hombre que no tenga alguna cualidad que le redima. En el caso del Che, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa la realidad del mito. Su sinceridad le condujo a dejar testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente horrendas, aunque no las más horrendas. Su coraje le llevó a que no viviera para asumir la responsabilidad por el infierno cubano. Un mito puede comunicar tanto acerca de una época como la verdad. Y así, gracias a los propios testimonios del Che acerca de sus pensamientos y acciones, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente el grado de engaño que muchos de nuestros contemporáneos tienen acerca de tantas cosas.

Puede que Guevara estuviera enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás. En abril de 1967, hablando desde la experiencia, resumía su idea homicida de la justicia en su Mensaje a la tricontinental: "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".

En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la ligereza de la muerte como espectáculo y la tragedia de las víctimas de la revolución. En una carta a su madre de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del Gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Fue muy divertido, con todas aquellas bombas, discursos y otras distracciones que rompían la monotonía en la que estaba viviendo".

La disposición de Guevara cuando viajó con Castro de México a Cuba a bordo del Granma queda reflejada en una frase de una carta a su mujer redactada el 28 de enero de 1957, poco después de desembarcar, y publicada en su libro Ernesto: Memorias del Che Guevara en Sierra Maestra: "Aquí, en la selva cubana, vivo y sediento de sangre".

En enero de 1957, como indica su diario de Sierra Maestra, Guevara mató de un disparo a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando información al enemigo: "Acabé con el problema con una pistola del calibre 32, en el lado derecho de su cerebro... Sus pertenencias ahora son mías". Luego dispararía a Aristidio, un campesino que expresó su deseo de abandonar la lucha cuando los rebeldes se trasladaran a otro lugar. Mientras se preguntaba si esta víctima en concreto "realmente era lo suficientemente culpable como para merecer la muerte", no le tembló el pulso a la hora de ordenar el asesinato de Echevarría, hermano de uno de sus camaradas, por crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio". En otras ocasiones simulaba ejecuciones, aunque no las llevara a cabo, como método de tortura psicológica.

Fusilamientos en La Cabaña
Pero la "fría máquina de matar" no demostró todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso al frente de la prisión de La Cabaña. San Carlos de la Cabaña era una fortaleza de piedra utilizada para defender La Habana de los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en un barracón militar. Guevara presidió, durante la primera mitad de 1959, uno de los momentos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto Rico, que perteneció al organismo a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña, me contó hace poco que el Che dirigía la Comisión Depuradora. "Se regía por la ley de La Sierra, tribunal militar, de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es, sabemos que: 'Todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario'. Mi función era de instructor. Es decir, legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutó a siete hombres".

Javier Arzuaga, el capellán vasco que consolaba a los condenados a muerte, habló conmigo recientemente desde su casa de Puerto Rico. Este ex cura católico que ahora tiene 75 años y que se define como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al antiguo cardenal Ratzinger", recuerda que había alrededor de 800 prisioneros en un espacio donde no cabían más de 300: antiguos militares y policías de Batista, algunos periodistas, unos pocos hombres de negocios y comerciantes. El tribunal revolucionario estaba compuesto por milicianos. Guevara presidía el tribunal de apelaciones. "Nunca anuló ninguna condena. Después de que yo me fuera, en mayo, ejecutaron a muchos más, pero yo personalmente fui testigo de 55 ejecuciones".

¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo da una cifra de unos 200, similar a la ofrecida por Armando Lago, un catedrático de economía jubilado que ha elaborado una lista con 179 nombres como parte de un estudio sobre las ejecuciones en Cuba que le ha llevado ocho años. En cables secretos enviados por la Embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado en Washington se hablaba de "más de 500" ejecuciones. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que formó parte del equipo encargado de dar caza al Che en Bolivia, me contó que se enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos 2.000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la cifra", recuerda Rodríguez. Las cifras más altas podrían incluir ejecuciones llevadas a cabo en los meses después de que el Che dejara de estar al mando de la prisión.

Lo que nos devuelve a Carlos Santana y su chic vestimenta Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D'Rivera criticaba a Santana por su atuendo en los Oscar. Y añadió: " Uno de estos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando '¡Viva Cristo Rey!".

El ansia de poder del Che tenía otras formas de expresión, además del asesinato. Escribiendo sobre Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres que la especie produce de vez en cuando, en quienes el anhelo de poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento padecido para lograrlo parece natural". Podría haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en una urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus vidas y sus posesiones, y por abolir su libre albedrío.

Obsesión por controlarLa obsesión del Che por el control colectivista le llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que se montó con objeto de subyugar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959 tuvieron lugar una serie de reuniones secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que el Che se retiró temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Ahí fue donde los líderes más importantes, incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che en la guerrilla, fue puesto al frente del G-2, un organismo creado a partir del modelo de la Checa. El propio Guevara asumió el poder del G-6, el organismo encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas. La invasión de Bahía de Cochinos, llevada a cabo con apoyo estadounidense en abril de 1961, se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con la captura de cientos de miles de cubanos y una nueva oleada de ejecuciones. Como el propio Guevara le contó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios "no volverían a levantar cabeza".

"Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista de "hereje". Los campos de concentración eran una de las formas que el poder dogmático adoptaba para aplastar la disidencia. La historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán general de Cuba a finales del siglo XIX, la primera utilización de la palabra concentración para describir la política de rodear a multitudes de adversarios potenciales -en este caso, partidarios del movimiento de independencia cubano- con alambre de espino y vallas. Qué apropiado, que los revolucionarios cubanos, más de medio siglo después, adoptaran esta tradición. Al principio, la revolución movilizó a los voluntarios para que construyeran escuelas y trabajaran en los muelles, las plantaciones y las fábricas -proporcionando exquisitas oportunidades para que el Che se fotografiara en versión Che estibador, Che cortador de caña, Che trabajador textil-. No pasaría mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se hiciera algo menos voluntario: el primer campo de trabajos forzados, Guanahacabibes, se puso en marcha a finales de 1960 en el oeste de Cuba.

Este campo fue el precursor del confinamiento sistemático, que finalmente comenzaría a producirse a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de Jehová, curas afrocubanos y demás ralea, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Hacinados en autobuses y camiones, los no aptos eran transportados a punta de pistola a campos de concentración organizados a partir del modelo de Guanahacabibes. Algunos jamás regresarían; otros serían violados, apaleados o mutilados, y la mayoría acabarían traumatizados de por vida.

Quizá la revista Time estuviera poco acertada en agosto de 1960, al describir el reparto de tareas de la revolución con un reportaje de portada en el que Che Guevara aparecía como el "cerebro", Fidel Castro como el "corazón", y Raúl Castro como el "puño". Pero esta visión reflejaba el papel crucial de Guevara en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo. Che era un candidato bastante dudoso como ejemplo de pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante sus años de entrenamiento en México y, en el periodo siguiente de lucha armada en Cuba, se reveló como un ideólogo comunista enamorado de la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y los demás, que eran básicamente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para hacerse con el poder. Cuando los revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió ser comunista y estar estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, estableció una alianza férrea con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un personaje fundamental en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

Este temperamento fanático convirtió al Che en un eje de la sovietización de una revolución que en repetidas ocasiones se había jactado de su carácter independiente. Poco después de que los barbudos tomaran el poder, Guevara participó en negociaciones con Anastas Mikoyan, viceprimer ministro soviético, de visita en Cuba. El viaje de Guevara a Rusia en agosto de 1962 fue significativo, porque selló el acuerdo que convertiría Cuba en una cabeza de playa nuclear. Se reunió con Jruschov en Yalta para cerrar los detalles de una operación que ya estaba empezada y que tenía que ver con la introducción de 42 misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban provistos de cabezas nucleares, además de lanzaderas y unos 42.000 soldados. Después de presionar a sus aliados soviéticos amenazándoles con el peligro que supondría que Estados Unidos descubriera lo que estaba sucediendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría -en otras palabras, que Moscú estaba dispuesto a ir a la guerra.

Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por razones equivocadas, reprochando a Moscú su blandura ideológica y diplomática, y que estuviera haciendo demasiadas concesiones -no como la China maoísta, que llegaría a ver como el refugio de la ortodoxia-. A Guevara le molestaba el hecho de que Moscú estuviera pidiendo a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda económica y apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegaría en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, por tanto, no fue un grito por la libertad, sino un aullido en pos de la subordinación total de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.

Su visión económica
El gran revolucionario tuvo la oportunidad de poner en práctica su visión económica -su idea de la justicia social- al frente del Banco Nacional de Cuba y del Instituto Nacional de Reforma Agraria del Ministerio de Industria a finales de 1959, y, a partir de principios de 1961, como ministro de Industria. La etapa en la que Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana coincidió con el desplome casi total de la producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento -y todo esto en lo que había sido uno de los cuatro países de mayor éxito económico de Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista.

Su período al frente del Banco Nacional, durante el cual acuñó billetes firmados por "Che", ha sido resumido por su segundo de a bordo, Ernesto Betancourt: "Ignoraba los principios económicos más elementales". Los poderes de percepción de Guevara en relación con la economía mundial fueron expresados en una famosa frase de 1961, en una conferencia hemisférica en Uruguay, donde predijo para 1980 una renta per cápita mayor que la de "Estados Unidos hoy". De hecho, en 1997, cuando se cumplía el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos estaban restringidos por el racionamiento a una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo de alubias al mes, 100 gramos de carne dos veces al año, 100 gramos de pasta de soja a la semana y cuatro huevos al mes.

La reforma agraria arrebató la tierra a los ricos, pero se la entregó a los burócratas, no a los campesinos (el decreto fue escrito en casa del Che). En aras de la diversificación, se redujeron las zonas cultivables y la mano de obra se distrajo hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, las cosechas se redujeron a la mitad. (...)


02 Ago 2005, 14:50
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Nota Re: El Rincón de la Historia
Gabriel Syme escribió:
Bueno, antes que nada, a los moderadores encargados: no recuerdo el nombre exacto del predecesor de este tema, así que si desean cambiar el título, adelante.


Era algo relacionado con Clío y con las fantasías sexuales de Uxas para con las musas. En cuanto él se acuerde, supongo que ya lo cambiará, o lo dejará tal cual.

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02 Ago 2005, 20:37
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la Niebla de las Edades, pero he mantenido entre parentesis el titulo que has puesto también.

Lo de clio era un excelente enlace que puse sobre un par de blogs destinados a destrozar la pseudohistoria.

Por cierto, articulo muy interesante, Syme.

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03 Ago 2005, 00:44
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HIROSHIMA Y NAGASAKI BAJO LAS BOMBAS ATÓMICAS

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Soy la Muerte, el destructor de los mundos.”
-Bhagavad-Gita, Canto VI del Mahabharata

Por David Solar, profesor de Relaciones Internacionales

A las 2.30 de la madrugada del lunes 6 de Agosto de 1945 era tibia y tranquila en el aeropuerto de Tinian. Los nueve hombres de la tripulación del bombardero B-29, nº 82, Enola Gay embarcaron y tuvieron su primera sorpresa cuando vieron subir al aparato a dos extraños, el capitán de navío William Parsons y su ayudante el alférez Jeppson, encargados de una misión especial. Inmediatamente el gran bombardero comenzó a calentar motores y despegó a las 2.45 h. En su compañía partieron otros dos B-29, encargados de mediciones científicas, fotografiado y escolta. El coronel Paul Tibbets puso rumbo noroeste y sólo desveló que volaban hacia Japón. Cerca de las cuatro de la madrugada, el capitán Parsons y su ayudante descendieron a la bodega y comenzaron a montar el mecanismo de disparo de la bomba atómica, diseñado por el capitán. Un cuarto de hora después, Little Boy (Muchachito), nombre clave del ingenio, estaba ya dispuesto para inaugurar la era atómica.
Poco antes de las cinco –hora de Tinian, por la que se regía el Enola Gay- cuando sobrevolaban Iwo-Jima, Tibbets se dirigió a su tripulación y desveló el gran secreto: iban a lanzar una bomba mil veces más potente a cuanto se conocía. Añadió que aquella misión era tan importante que cuando alcanzaran las costas japonesas serían “registradas todas las conversaciones del interfono para los archivos. Muchachos, cuidad vuestro lenguaje, éste es un vuelo histórico: ¡llevamos la primera bomba atómica!”
En esos momentos, cuatro de la madrugada, según la hora de Hiroshima, el personal de guardia en el Hospital de Comunicaciones, venciendo los bostezos, se despedía una vez más comentando lo tranquila que había sido la noche, sin siquiera un conato de alarma. Había llegado el relevo y podían irse a dormir.
El día comenzó a clarear poco antes de las ocho de la mañana, hora de Tinian, una hora menos en Hiroshima. La ciudad contaba en aquella época con cerca de medio millón de habitantes, que se despertaban o acudían al trabajo felices por encontrarse indemnes un día más. Centro industrial, importante puerto, base del 2º ejército japonés de defensa territorial, Hiroshima era la envidia de todas las ciudades japonesas: parecía que la fortuna había protegido a aquella población de la guerra entre Japón y Estados Unidos, y que ya había asolado otros centros urbanos japoneses. Sobre la ciudad había nubes ligeras y el día se prometía soleado. Las puertas de las casas comenzaron a abrirse y pronto las calles estuvieron concurridas por millares de trabajadores y ciudadanos. En ese momento comenzó a sonar la alarma aérea.
El doctor Michihiko Hachiyase la oyó mitigada por la bruma del sueño pero poco después terminó de despertarse cuando volvieron a sonar las sirenas, concluyendo el estado de alarma. No muy lejos, en el colegio de los jesuitas, el padre Pedro Arrupe estaba desayunando cuando escuchó el ulular de las sirenas y en aquel momento sintió temor por los alumnos que estarían en la calle camino del colegio. Terminó el desayuno y se dirigió a su habitación, presa de una gran aprensión, con otro sacerdote para resolver algunos asuntos del colegio.
El grupo de los tres bombarderos estadounidenses había sido detectado por los observadores de la defensa antiaérea japonesa cuando penetraron en el espacio de la isla de Shikoku, volando a unos 10.000 metros de altura casi en línea recta hacia Hiroshima, pero luego rectificaron su información. ¡Falsa alarma! El servicio metereológico informaba a esas horas al Enola Gay que la visibilidad era casi perfecta en la zona. La suerte de Hiroshima estaba echada. A las 8 de la mañana, hora local (el reloj del coronel Tibbets marcaba las 9), los vigilantes de las baterías antiaéreas comenzaron a escuchar el zumbido de los motores, aunque no veían a los aviones a causa de la altura del vuelo y de algunas nubes que obstaculizaban la visión de los artilleros. Justo en esos momentos el capitán Parsons y su ayudante revisaban por última vez la bomba.

LA HORA DEL APOCALIPSIS

A las 8.11 h el avión llegó a las proximidades de la zona de lanzamiento. El mayor Ferebee, bombardero del Enola Gay, se hizo cargo de los mandos y situó el avión a 9.630 metros de altura en la posición de lanzamiento y a una velocidad de 500 km/h. Cuatro minutos más tarde, a las 8 h, 15 minutos y 17 segundos, lanzó la bomba. Tibbets recuperó los mandos, aceleró a fondo y dio un viraje para alejarse todo lo posible de la zona de explosión.
Little Boy comenzó a descender hacia la ciudad con la velocidad del rayo, pero, de pronto, se abrió un paracaídas en su parte trasera y se redujo la inercia de la caída. Cincuenta segundos después del lanzamiento, a las 8h, 16´7”, cuando se encontraba a 560 metros del suelo, estalló, liberando una energía hasta entonces inimaginable, equivalente a 12.500 toneladas de TNT, que generó en el punto de la explosión una temperatura de unos 300.000 grados. Un globo de cegadoras luces de colores cubrió la ciudad durante unos segundos; luego Hiroshima fue envuelta por espesas tinieblas de polvo, cenizas y humo. En un radio de cuatro kilómetros bajo el epicentro de la explosión se alcanzaron los 3.000 grados de temperatura, que lo devoraron todo en cuestión de segundos.
Cuando se produjo la explosión, el Enola Gay se hallaba aproximadamente a unos 18 km. Tibbets relató tres días después: “…Es difícil expresar lo que vimos: aquel brillo cegador, aquella aterradora masa de humo negro que ascendía hacia nosotros a una velocidad extraordinaria, después de haber cubierto la ciudad, cuyas calles y casas aún distinguíamos segundos antes”. Una hora después, a más de quinientos kilómetros de distancia, desde el bombardero seguían viendo el negro hongo atómico, que se había elevado a 20.000 metros de altura.
En el suelo, la muerte, la destrucción y el caos. La zona más afectada sencillamente había desaparecido, quedando en pie sólo los esqueletos de los edificios de hormigón. Los puentes, las verjas, los tranvías y todos los objetos metálicos se convirtieron en informes amasijos de chatarra retorcida. Las personas, los animales, las casas de madera, los árboles y cuanto era combustible se volatilizó. Fuera del epicentro, las casas se derrumbaron e incendiaron, los árboles y setos ardían, las personas vagaban enloquecidas, sin rumbo, desnudas, cubiertas de heridas, con graves quemaduras y terribles heridas ocasionadas por cristales y astillas de madera.

OSCURIDAD Y SILENCIO ATERRADOR

El doctor Michihiko Hachiya había sido despertado por las sirenas y, somnoliento, vivió el momento desde minutos antes de que se produjera la explosión: “La hora era temprana; la mañana, tibia, apacible y hermosa. Por los ventanales abiertos que dan al sur contemplé distraído el agradable contraste que ofrecían las sombras de mi jardín con el brillo del follaje, tocado por el sol desde un cielo sin nubes. Yo estaba en ropa interior, tendido cuan largo era en el piso de la sala, exhausto después de haber pasado la noche en vela (…). De pronto, un resplandor intenso me devolvió a la realidad; luego, otro. Con esa nitidez inexplicable con que solemos rememorar los pequeños detalles, con esa misma claridad, recuerdo que un farol de piedra se encendió con luz brillante, y que me pregunté si se trataría del fogonazo de una lámpara de magnesio o chispas de un cable del tranvía”.
El médico observó que, de pronto, mientras la casa se le caía encima, las tinieblas envolvían la ciudad minutos antes luminosa. Salió de casa, escapando del revoltijo de vigas, maderas, cristales, papel y Telas. Cubierto de sangre alcanzó el jardín, donde halló a su esposa en un estado igualmente lamentable. Trataron de ganar la calle y tropezaron ambos, rodando por una pequeña escalera. “Al ponerme en pie trabajosamente, vi que lo que había detenido nuestra carrera era la cabeza de un hombre.
-¡Perdón! –grité, histérico- ¡Disculpe!
Ambos siguieron andando hasta el cercano hospital, donde el médico llegó a tiempo para que le curasen sus graves heridas. En aquel corto recorrido, que se le hizo eterno, constató varios fenómenos que constituyeron la experiencia de todos los supervivientes: era sobrecogedora la tremenda oscuridad, el denso polvo que impedía respirar, el crepitar de las llamas, el crujir de las estructuras que se desmoronaban, el silencio de las personas que corrían por la calle mutiladas, heridas, ensangrentadas, desnudas y en profundo silencio.

¡SÁLVEME, QUE NO PUEDO MÁS!

El padre Arrupe tuvo más suerte. “Estaba yo en mi cuarto con otro sacerdote, a las ocho y cuarto de la mañana, cuando de repente vimos una luz potentísima, como un fogonazo de magnesio disparado ante nuestros ojos. Nos levantamos para ver lo que sucedía y al ir a abrir el aposento oímos una explosión formidable, parecida al mugido de un terrible huracán, que se llevó por delante puertas, ventanas, cristales, paredes endebles…que, hechos añicos, iban cayendo sobre nuestras cabezas (…).
Subimos a una colina para ver mejor lo ocurrido y desde allí pudimos distinguir en dónde había estado la ciudad, porque lo que teníamos delante era una Hiroshima completamente arrasada.
Como las casas eran de madera, papel y paja, y era la hora en que todas las cocinas preparaban la primera comida del día, con ese fuego y los contactos eléctricos, a las dos horas y media de la explosión, toda la ciudad era un enorme lago de fuego (…).
Ante los ojos espantados se abría un espectáculo sencillamente indescriptible, visión dantesca y macabra, imposible de seguir con la imaginación. Teníamos delante una ciudad completamente destruida, por la que íbamos avanzando sobre los escombros, cuya parte inferior todavía estaba llena de rescoldos. Cualquier descuido podía sernos fatal.
Pero mucho más terrible era la visión trágica de aquellos miles de personas heridas, quemadas, pidiendo socorro. Como aquel niño con quien me tropecé, que tenía un cristal clavado en la pupila del ojo izquierdo, o aquel otro que tenía clavada entre las costillas, como si fuese un puñal, una gruesa astilla de madera. Sollozando, gritaba:
-Padre, sálveme, que no puedo más.
O aquel otro, cogido entre dos vigas y con las piernas completamente calcinadas hasta la rodilla. Así íbamos avanzando, cuando vimos de pronto venir hacia nosotros a un joven corriendo como loco, mientras pedía socorro: hacía ya veinte minutos que oía las voces de su madre, sepultada viva entre los escombros de su casa. Las llamas estaban calcinando su cuerpo, mientras él hacía inútiles esfuerzos por levantar las vigas de madera que la aprisionaban.
Más impresionantes eran aún los gritos de los niños llamando a sus padres. Otros habían perecido, como las 200 alumnas de un colegio femenino. El tejado se les había derrumbado encima sin que ni una sola escapase de las llamas.”

NAGASAKI, TAMBIÉN

El presidente estadounidense Truman recibió la noticia en pleno Atlántico, poco después de la hora de la cena y todos le felicitaron, seguros de que Japón capitularía en cuestión de horas. El presidente se las prometía muy felices, pensando que, además de terminar con las pérdidas y bajas estadounidenses ante la resistencia japonesa en el Pacífico, la inmediata rendición de Tokio impediría la intervención soviética en la zona. Pero no ocurrió así. La reacción oficial del gobierno japonés fue nula. Siguió discutiendo sobre las garantías que deberían exigírseles a los norteamericanos sobre el respeto a la institución imperial y a la figura del emperador.
A medianoche del 6 de agosto captaban en Tokio el mensaje del presidente Truman, que revelaba la naturaleza del explosivo: “Hemos lanzado una bomba atómica” y, recordando el ultimátum lanzando desde Potsman advertía: “Si ahora no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de fuego que sembrará más ruinas que todas las hasta ahora vistas sobre la tierra. Al ataque aéreo seguirán fuerzas marítimas y terrestres más numerosas y poderosas que lo hasta ahora visto. A la vista tienen ya una muestra de este tipo de guerra”. Pero Japón no cedió.
Eso otorgó a Stalin el tiempo imprescindible para declarar la guerra a Tokio. El 8 de agosto, las tropas soviéticas irrumpieron en Manchuria, hallando una resistencia poco más que simbólica. Al día siguiente, 9 de agosto, el mayor Charles W. Sweeney, comandante de la fortaleza volante B-29 Bok´s Car, lanzaba a Fat Man, una bomba de plutonio, sobre la ciudad de Nagasaki. Curiosamente, el blanco originariamente señalado era la ciudad de Kokura, pero cuando el bombardero volaba hacia ella el servicio metereológico le anunció que estaba cubierta de nubes; por eso se desvió hacia su blanco alternativo y Nagasaki recibió la visita del ángel exterminador.
Ni Hiroshima, ni la invasión soviética, ni Nagasaki, doblegaron a Japón. El gobierno japonés era partidario de la capitulación inmediata, pero el ejército continuaba apoyando la resistencia a ultranza. Fue necesario la intervención del emperador Hiro-Hito. La trascendental reunión comenzó a medianoche del 9 de agosto, hora japonesa. Lo de menos en las dramáticas discusiones fue la capitulación; lo importante, las consecuencias: ocupación extranjera, desarme, responsabilidades de guerra y, por lo tanto, procesamiento de los responsables. Shinegori Togo recordó la excepcional intervención del emperador: “Declaró, sosegadamente, que aceptaba la opinión del Ministro de Asuntos Exteriores. No se podía tener ya confianza en la victoria final que el ejército proclamaba, pues había ocurrido que, a menudo, sus pronósticos habían sido rebatidos por la realidad. En lo que se refería a las posibilidades de rechazar la invasión, el emperador, a título de ejemplo, mencionó el caso de las playas de Kujukurihama, cuyas defensas no estaban concluidas. Era el momento de afrontar lo insoportable. Se sometería a las condiciones impuestas por la declaración de Potsdam para conservar al menos, la configuración nacional del país”.
La reunión concluyó a las 2.30 de la madrugada del 10 de agosto. La noticia de que Tokio capitulaba llegó a Washington a media tarde. Estados Unidos brindó por la victoria. La guerra había terminado. Sin embargo, entre las burbujas del champaña y la firma de la capitulación a bordo del acorazado Missouri, el 2 de septiembre, aún viviría el militarismo japonés sus últimos días, con un fallido golpe de estado que no pudo detener lo inevitable.

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La violencia es el último recurso de los incompetentes.


06 Ago 2005, 19:27
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http://libertaddigital.com/cgi-local/ot ... 1275765576

Catorce de julio: “Fiesta” nacional francesa
Por José Ignacio del Castillo
Se cumplen esta semana doscientos catorce años de la “Toma de la Bastilla”. Igual que cada año, el acontecimiento, estúpido y sanguinario, sigue siendo celebrado como amanecer de la “emancipación democrática” en Francia.

Sólo se me ocurren dos razones para tal disparate. O nuestros vecinos son tan ignorantes como para no saber qué celebran, o lo saben muy bien con lo que la cosa es todavía peor. En efecto, el mayor responsable de los acontecimientos de la Bastilla fue, créanlo o no, el Marqués de Sade. En julio de 1789 el Marqués de Sade se encontraba preso en la Bastilla merced a un edicto real –lettre de cachet– que su suegra la Présidente de Montreuil, había suplicado temerosa de la psicopatía de su yerno. Todo ello luego de que Sade hubiese cumplido sendas condenas en 1763 por torturar sádicamente a una prostituta y en 1768 por propinar de nuevo una cruel paliza a otra chica.

Conociendo la existencia de disturbios en París, Donatien de Sade comenzó en los primeros días de julio de 1789 a arengar al populacho desde la ventana de su celda instándole a que se lanzasen a la toma de la prisión y liberase a los confinados. Las soflamas acabaron cuajando el 14 de julio. Ante la canalla arremolinada frente a la prisión, el Gobernador de la Bastilla, M. De Launay, que sólo disponía de un puñado de guardas suizos y de inválidos veteranos para la defensa, accedió a parlamentar con dos representantes de la muchedumbre, mientras era bajado el puente levadizo que protegía la cárcel y la chusma obligaba a rendirse a los soldados.

Lo que siguió es lo que se “celebra” esta semana en Francia: El Gobernador fue asesinado tras ser torturado atrozmente mientras imploraba a sus verdugos que acabaran definitivamente con su vida. A continuación un cocinero “que sabía cómo trinchar las viandas” se encargó de decapitarle con un cuchillo de cocina. La cabeza fue paseada en señal de triunfo hasta altas horas de la madrugada. La chusma se encargó asimismo de colgar a dos veteranos inválidos, de cortar las manos de un guarda suizo y de martirizar al resto de oficiales de la prisión.

Los presos cuya liberación se celebra cada 14 de julio (“pobres víctimas de la tiranía del Ancient Regime”) no pasaron de siete. Cuatro maleantes, dos perturbados que estaban en observación y un joven libertino de noble descendencia apellidado Sade que acabó convirtiéndose en el héroe del día con sus arengas revolucionarias.

El Marqués, convertido en el “ciudadano de Sade”, aparentemente le cogió gusto al asunto y llegó a liderar la sección de la Plaza Vendôme de París siendo partícipe activo en las masacres de septiembre de 1792. Sus orígenes aristocráticos no le impedirían medrar durante la Revolución Francesa.

Circularon con notable éxito junto a sus escritos pornográficos, textos ideológico-políticos de marcado carácter izquierdista, materialista y amoral como Aline et Valcour, ou le Roman Philosophique, La Philosophie dans le boudouir y otros. En uno de ellos escribía, por ejemplo: “patanes pedantes, verdugos, escritorzuelos, legisladores. ¿Qué vais a hacer cuando triunfemos? ¿Qué les ocurrirán a vuestras leyes, a vuestra moral, a vuestra religión, a vuestros poderes, vuestro paraíso, vuestros dioses y vuestro infierno, cuando se pruebe que un cierto tipo de fibras, un determinado grado de acidez en la sangre y de humores hace de un animal el hombre al que vosotros premiáis o castigáis? ” En otro pasaje que parecería haber servido de inspiración para un panfleto de Greenpeace podía leerse: “La total auto-destrucción de la Humanidad simplemente servirá para devolverle a la Naturaleza la oportunidad de crear. Una oportunidad que le hemos arrebatado al propagarnos”. Y como pensadas para el programa educativo de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid, que establece la obligatoriedad de escuelas públicas en las que los niños sean adoctrinados en toda clase de “opciones sexuales alternativas”, De Sade escribía las siguientes palabras: “Los niños deben pertenecer al Estado. En una sociedad basada en la fraternidad el incesto entre hermanos debe convertirse en obligatorio... ”.

En fin ¡Vive la France!, ¡Viva el catorce de julio! y olvidémonos todos de la guillotina y el genocidio de La Vendée. Para algo las revoluciones “democráticas” de la izquierda tienen siempre garantizada la patente de corso.


11 Ago 2005, 14:59
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En efecto, el mayor responsable de los acontecimientos de la Bastilla fue, créanlo o no, el Marqués de Sade. En julio de 1789 el Marqués de Sade se encontraba preso en la Bastilla merced a un edicto real –lettre de cachet– que su suegra la Présidente de Montreuil, había suplicado temerosa de la psicopatía de su yerno. Todo ello luego de que Sade hubiese cumplido sendas condenas en 1763 por torturar sádicamente a una prostituta y en 1768 por propinar de nuevo una cruel paliza a otra chica.


11 Ago 2005, 15:07
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Cierto es que durante la revolucion francesa ocurrio el primer genocidio, o al menso eso he oido.
Se te olvida decir que tras cumplir esas condenas, Sade cumplia condena por su obra, La filosofia del tocador, de contenido altamente erotico, incluso pornografico, pero sobretodo, politico, en su capitulo, Un esfuerzo mas, franceses si quereis ser republicanos.

Sade, el escritor demonizado durante toda su existencia, incluso despues de la muerte, por la iglesia, por cargar sin ninguna mesura contra la iglesia catolica y denunciar los excesos de la corrupcion de esta en aquellos tiempos, paso mas de la mitad de su vida en la carcel, no por crimenes sexuales, sino por politicos, y por orgullo:
Citar:
"Either kill me or take me as I am, because I'll be damned if I ever change..."
Sade, from a letter to his wife, written in prison, November 1783


Sade tuvo una vida tan atormentada como actualmente lo es su muerte. Nacio en una familia noble, es casado en contra de su voluntad con una familia burguesa por cuestiones economicas, y no tuvo la suerte de los romanticos en cuestion de epocas, ya que la suya era mas estricta en cuestion de escandalos con prostitutas y el incesto.
En todo caso, no creo que de Sade sea el responsable de la toma de la bastilla, pero si asi lo afirmas...un hurra por Sade.

Luis-Carlos, bienvenido al foro, de nuevo.


11 Ago 2005, 16:03
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http://www.arbil.org/(70)vend.htm

http://personal5.iddeo.es/magolmo/vendee.htm

http://www.lafamilia.info/bancodedocume ... %20%20.htm

http://www.interrogantes.net/includes/d ... &IdSec=151

Citar:
La historia conocía ya abundantes ejemplos de guerras y represiones por motivo de religión, que han sido terribles muestras de las crueldades a que a veces ha llegado a lo largo de los siglos la intolerancia religiosa. Pero aquella bestial represión de los católicos de La Vendée fue, como ha dicho Pierre Chaunu, la más cruel entre todas las hasta entonces conocidas, y el primer gran genocidio sistemático por motivo religioso. Y quizá lo más lamentable fuera que –también por primera vez en la historia– esta masacre se llevó a cabo bajo la bandera de la tolerancia.

El asunto no quedó en el frenético y sangriento sube y baja de la rasuradora nacional que en su día inventara Guillotin. Al primer asalto en masa siguió una fría organización del genocidio.

En agosto de 1793, la Convención de París expidió un decreto disponiendo que el Ministerio de la Guerra enviase materiales inflamables de todo tipo con el fin de incendiar bosques, cultivos, pastos y todo aquello que arder pudiera en la comarca. "Tenemos que convertir La Vendée en un cementerio nacional", exclamó el general Turreau, uno de los principales responsables de la matanza.

Como narra Hans Graf Huyn, fueron violadas las monjas; cuerpos vivos de muchachas soportaron el descuartizamiento; se formaron hileras con los niños para ahogarlos en estanques y pantanos; mujeres embarazadas se vieron pisoteadas en lagares hasta morir, y en aldeas enteras los vecinos perecieron por beber agua que había sido envenenada. Casi ciento veinte mil habitantes de La Vendée fueron asesinados, y arrasadas decenas de miles de viviendas.


http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd99/ ... error.html

Citar:
El número de personas condenadas a muerte en París ascendió a 2.639, más de la mitad de las cuales (1.515) perecieron durante los meses de junio y julio de 1794. Las penas infligidas a los traidores o presuntos insurgentes fueron más severas en muchos departamentos periféricos, especialmente en los principales centros de la insurrección monárquica. El tribunal de Nantes, presidido por Jean-Baptiste Carrier, el más severo con los cómplices de los rebeldes de La Vendée, ordenó la ejecución de más de 8.000 personas en un periodo de tres meses. Los tribunales y los comités revolucionarios fueron responsables de la ejecución de casi 17 mil ciudadanos en toda Francia. El número total de víctimas durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. Entre los condenados por los tribunales revolucionarios, aproximadamente el 8% eran nobles, el 6% eran miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y el 70% eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, de deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos.


¿De verdad crees que la Revolución Francesa es motivo de orgullo?


11 Ago 2005, 18:31
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Si. Absolutamente. Incluso aceptando tus datos, asi lo creo.
Toda revolucion necesita sangre derramada, toda revolucion es violenta.
A diferencia de ti, no hay nada moral que me obstaculice a aceptar esto, yo no me pinto ni como defensor de los oprimidos, ni bueno ni justo, ni santo, ni siquiera intento serlo o parecerlo.
La revolucion francesa fue el inicio del fin del antiguo regimen, del fin del poder hegemonico de la iglesia romana. Claro que el sueño de la razon produce monstruos, pero hay que admitir que la ilustracion y la revolucion francesa permitio corrientes de pensamientos, por fin, alejados del teocentrismo de Santo Tomas (Aunque para algunos, ese fantoche es el genio mas grande que ha pisado la tierra).
Mayores crueldades, locuiras y barbaridades han sucedido a causa de la compasion.


12 Ago 2005, 12:53
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Citar:
Toda revolucion necesita sangre derramada, toda revolucion es violenta.


Por favor Zawisa, perdona que te lo diga, pero sin animo de ofender te digo que esa argumentación es la de un radical. ¿Justificas entonces la violencias en nombre de la ¨causa¨? ¿No es la misma clase de mentalidad de los que invadieron y oprimieron Europa del Este y otros paises, o la dictadura china, cubana o vietnamita?

¿Sabes lo que consiguió la Revolución Francesa? La dictadura/imperialismo de Napoleon Bonaparte.

Citar:
del fin del poder hegemonico de la iglesia romana.


Perdimos el ¨monopolio¨ desde la reforma protestante, (esa en la que Lutero y Calvino fundaron sus propias inquisiciones y caza de brujas y exterminaron a tantos catolicos) pero seguimos siendo los nº 1 y todavia no han podido con nosotros.

Citar:
Claro que el sueño de la razon produce monstruos


¿sabes cual es mi versiculo favorito del Evangelio¨ ¨El arbol se conoce por sus frutos¨. ¿sabes lo que significa? Se refiere a la verdadera sabiduria y a los falsos profetas y a los frutos o resultados de sus enseñanzas.

Citar:
Mayores crueldades, locuiras y barbaridades han sucedido a causa de la compasion.


¿podrias desarrollar mejor este argumento? por favor.


12 Ago 2005, 13:17
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Traducción al español por Huan Manwë